domingo, 10 de julio de 2011

Charito Rojas: Escrito sin piedad

“El que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos”. Refrán popular.
Hay una ley de la física que dice que “a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero de sentido inverso”. Lo cual en lenguaje llano quiere decir que quien hace daño, este se le devuelve en algún momento de su vida, es como un efecto boomerang. Y es de una justicia bíblica: tanto das, tanto recibes, lo mismo que otorgas te será concedido. Aunque no sea en forma inmediata. Pero así opera la justicia. La terrenal y también la divina.
Nadie puede hacer tanto daño impunemente y sobre todo, nadie puede retar a Dios como el Presidente lo ha hecho, disponiendo de la libertad y de la prosperidad de un país como si fuesen propias, colocándose por encima de las leyes de los hombres, de la naturaleza y del espíritu. Sus acciones desde que apareció en el panorama público, han sido las de un hombre implacable, impío, carente de sensibilidad hacia quienes no rindan culto a su personalidad y a su pensamiento.
Los venezolanos somos tan buena gente que rayamos en lo pendejo. Nadie quiere ser el primero en decir públicamente ¡bien hecho! Ciertamente eso es algo feo, vil, poco católico. Pero hay que tener por lo menos la decencia de no mentir como lo han hecho los personeros del régimen, quienes después de semanas de ocultarle la verdad al país o de mentir descaradamente como Soto Rojas (quien juró que el Presidente no tenía cáncer), salieron a caerse a dentelladas en privado para ver quien mandaba más mientras en público aparentaban unidad y sonreían diciendo que el hombre esta de maravilla, que se está recuperando, que está gobernando desde su cama y que ellos van Pa´lante Comandante.
La oposición, pese a las sensatas declaraciones de Ramón Guillermo Aveledo y los llamados de atención de María Corina Machado acerca de la inconstitucional ausencia presidencial, lo único que le ha faltado es mandar a hacer una misa en la catedral por la salud de quien todos los días les cae a fuetazos. ¡Hasta han propuesto un gobierno de unidad nacional! ¿Qué les pasa? ¿No están viendo que la enfermedad del Presidente sólo ha servido para reforzar su liderazgo único? ¿No ven que los actos del Bicentenario han sido perfectos para dar la imagen de una revolución socialista triunfante, que tiene un candidato único para 2012, que se llama San Hugo Rafael de Todos los Santos? La secta chavista tiene una sola deidad, lo adoran por encima de su miseria, no le importan las promesas incumplidas. Para los fanáticos de San Hugo no valen razones, Constitución, ni derechos de quienes no son chavistas. Este es el verdadero panorama que enfrentamos. Y que enfrentaremos si su líder llega a faltarles por cualquier razón.
Confieso que cuando lo ví pálido, enfermo y con la voz quebrada, aferrándose al manto de la Virgen (¡¡¡¡!!!), dándole gracias a Dios por estar vivo, me dio lástima. Lástima de verdad por este ser que se autoniveló con Bolívar y hasta con el mismo Jesucristo. Lástima por quien tiene años entregado (en cuerpo, alma, vida y salud, se lo reconozco) a una revolución que ha resultado ser algo así como un sainete donde la María Lionza es él. Esto no es un movimiento político serio, con ideología y finalidad de dar bienestar a todos los venezolanos. No, esto es una secta de fanáticos, cosa que le gusta al Comandante; que sigue al dedillo todas las pautas de odio que les imparten, cosa que también le encanta; pero en cuya secta también militan al lado de los fanáticos un grupo de depredadores que medran a placer mientras disimulan su corrupción alimentándole el delirio de gloria a su amo. Me da lástima este hombre que no tienen amigos sino súbditos, que no tiene mujer que lo consuele y cuide, sino unas hijas que usa como comodines.
Pero seguidamente a la lástima, pienso en el asesinato de la democracia en mi país. La mejor muestra de la destrucción del sistema democrático la acabamos de ver en el desfile Bicentenario: los militares, supuestamente servidores de la nación, se declararon ante el mundo “socialistas”, mientras los locutores militares repetían una y otra vez los preceptos revolucionarios y las palabras del Presidente en cuanto a su retorno, a “subir el Chimborazo”, a “escalar dejando atrás la oscuridad” y una serie de babosadas más que dice un coplero cuando esta emocionado y enfermo. En la cara de todos nosotros la Fuerza Armada y su Comandante violan la Constitución: “Artículo 6: El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables” ¿Dónde dice que es socialista? En Los Próceres lo que hubo fue una celebración de la revolución chavista, no una fiesta Bicentenaria donde participara todo el país. Ningún gobernador ni diputado de la oposición fue invitado. Quien no porte la camisa roja nada tenía que buscar allí. Una vez más el sectarismo y la exclusión robaron la historia verdadera de la Nación.
También me invade la lástima recordar a los 20.000 trabajadores de Pdvsa despedidos sin compasión, sin prestaciones, perseguidos para que no trabajasen en Venezuela, sus familias botadas de las casas en los campos petroleros y ahora regados por todo el mundo siendo útiles a compañías petroleras extranjeras mientras Pdvsa está quebrada económica y moralmente. Cuando se me conmueve el corazón ante la enfermedad presidencial, pienso en tantas lágrimas que he visto en estos 12 años de madres a quienes le mataron a sus hijos; en amigos que he perdido a manos del hampa; en familias separadas por los exilios obligados. Pienso en todas las muertes cuyo único culpable es el odio y la intolerancia sembrado en un país que no conocía esos sentimientos. Me acongojo cuando pienso en Franklin Brito, en los estudiantes, en los enfermeros, en los médicos, en los trabajadores que arriesgan y hasta pierden la vida en sus luchas ante un gobierno sordo y cínico. Cuando rememoro el discurso ácido y ofensivo contra mi Iglesia Católica, contra los periodistas, contra los productores. Recuerdo también tanto dolor en personas que han perdido sus bienes, sus negocios, sus tierras. Recuerdo su risa expropiadora y tantos insultos destemplados… y tengo que contenerme para no pensar que Dios castiga sin palo y sin rejo.
Son doce años en que demasiados venezolanos han sufrido graves pérdidas personales y económicas, pero en que todos hemos perdido libertades y derechos. Por eso creo que todo sucede por algo. Tal vez necesitábamos un gobierno así para apreciar lo felices que éramos y no lo sabíamos. Tal vez la enfermedad de Chávez le sirva para reflexionar (aunque me acusen de pendeja) si está en el camino correcto. Tal vez este trancazo a su divinidad le obligue a tener la humildad para reconocer que los remedios que pone al país son peores que las enfermedades que lo aquejan y de buena parte de las cuales él es el gran responsable.
Lo último que se pierde es la esperanza. Hasta ahora en ninguna de sus alocuciones después que confesó su enfermedad ha insultado a la oposición, a los medios ni a nadie. Está humildito y no sabemos cuánto le durará. Parece saber (aparte de que es finito) claramente dos cosas: que sólo lo mantiene la adoración de las masas a su persona, ya que la razón está en su contra; lo segundo, que sus enemigos están en su entorno. Los jaladores, los corruptos, los ineptos, los hipócritas, le hacen mucho daño a su salud y a su gobierno.
El Chimborazo es una tontería ante lo que encara el Presidente: un país enguerrillado por los problemas que su mismo gobierno ha potenciado u ocasionado y una salud quebrantada por una enfermedad mortal que requiere tranquilidad, reposo y tratamiento continuo. Si el Presidente se empeña en lanzarse a una nueva candidatura es probable que pierda la vida o la silla de Miraflores. O las dos.
Quiero que Chávez viva. No lo quiero mártir, instalado en los altares populares al lado de José Gregorio Hernández. Quiero que termine su mandato teniendo un acto de sensatez hacia el país, juntando lo que dividió, pidiendo perdón a quienes hizo daño y tratando de terminar su episodio en paz con los venezolanos y consigo mismo. Este es un asunto de vida o muerte. Vale la pena que el Presidente intente dialogar con esa otra parte del país para evitar que le pase lo que al Cardenal Ignacio Velasco, quien murió en el 2003, justamente de cáncer. Los chavistas hicieron fiesta, lanzaron cohetones y escupieron el féretro cuando salió de la Catedral para su sepultura. Y el Presidente dijo en un mitin “A ese Cardenal yo me lo voy a conseguir en el infierno”…
Charitorojas2010@hotmail.com

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